miércoles, 18 de junio de 2008

El despertar








A veces, te pregunto qué has soñado, pero nunca obtengo respuesta. Esta mañana te lo he vuelto a preguntar. De repente, me envías tu artículo semanal para el periódico, ese que quieres que te corrija y también, de repente, me siento extraña o como si me hubieras traído de vuelta a mi silla, a esa que está en frente de mi ordenador, a esa realidad imposible de evadir.
Siempre me han gustado los días especiales, con los ojos llenos de melancolía y el corazón bombeando a mil por hora mientras son las ocho y veinte de la tarde y el cielo se va tornando de un color cian cada vez más oscuro. Hoy tenía un poco de ganas de llorar, esa sensación que tienen las personas que no saben lo que quieren cuando ven a la gente tan llena de algo y a ti, te falta el aire. Cuando a ti te falta la certeza de estar ubicado dentro del mundo o de pertenecer a él. Siempre he catalogado a las personas, costumbre tal vez equivocada, pero que en mi es imposible evitar. Te fijas y observas, e intentas adivinar el sentido de sus actos, de su vida. Las hay lineales, planas y sin rincones dentro de sus almas o simplemente, no planas o que nunca saben lo que quieren. La verdad es que esta mañana me levanté con ganas de que hoy fuésemos de esas no planas, poliédricas, con visión, que no saben lo que quieren porque tienen demasiados rincones en su alma. Hoy, sin quererlo, me devolviste de repente a mi silla, esa que está en frente de mi ordenador.

1 comentario:

Mario Fizzio dijo...

tal vez seas tú la que sueña que él es poliédrico... y, en realidad, es completamente plano... no es que te traiga a tu silla voluntariamente, es que no sabe (no puede) hacerlo de otra forma... (¿te engañas?)